No más Violencia a los Derechos sexuales y Reproductivos de las Mujeres

No más Violencia a los Derechos sexuales y Reproductivos de las Mujeres

Convocatoria
Todas somos importantes

A mi me estaban dando un anticonceptivo sin decirme nada. Solo me pusieron una inyección y [me dijeron] que regresará por la segunda dosis. Eso me causó mucho desorden en mi ciclo menstrual, hasta que fui a otra consulta me dijo la enfermera que si me ponía la segunda dosis, yo le dije cuál dosis. A mi nunca me dijo el doctor [sobre algún] método anticonceptivo.
Aurorita

El testimonio anterior es uno de los muchos que recibimos a través de la convocatoria “Todas somos importantes, un espacio para escucharte y conocernos” dentro de las redes sociales de Casa Gaviota. Por ello, a partir de su participación y experiencias sobre la presión del personal del servicio sanitario a utilizar métodos anticonceptivos, propongo esta reflexión más profunda sobre el tema y como una forma de agradecimiento enormemente por su confianza al compartirnos sus experiencias.

La pregunta realizada en la convocatoria fue ¿alguna vez te presionaron médicos, enfermeras o enfermeros para utilizar algún método anticonceptivo? Dicho cuestionamiento surgió a partir de presenciar las múltiples veces que mi hermana fue presionada, cuestionada e incluso maltratada por no optar por un método anticonceptivo durante su posparto. Además de visibilizar estas prácticas, la convocatoria tenía la intención de dar a conocer los derechos sexuales y reproductivos, en especial el referente a tener libertad para elegir los métodos de anticoncepción.

Hechas estas precisiones y retomando el compromiso de Casa Gaviota con la erradicación de la violencia hacia las mujeres. El presente texto invita a reflexionar por qué las mujeres son presionadas para utilizar métodos anticonceptivos y la importancia de cuidar nuestra salud sexual y reproductiva. Para ello explicaré de manera breve algunas experiencias de mujeres. Segundo, expondré que la reproducción al centrarse en las mujeres se vuelve una práctica patriarcal esto con la finalidad de entender porque la presión sobre el uso de métodos anticonceptivos puede ser violenta. Finalmente, les invito a hacer una reflexión sobre estas situaciones para erradicar conductas que son nocivas para una vida libre de violencia.

Una primera aproximación para conocer el problema es a través de las experiencias de vida. Algunas de ellas se destacan a continuación:

Cuando tuve a mi segundo hijo tenía 22 años y decidí que la mejor opción era una OTB [Oclusión Tubaria Bilateral o salpingoclasia,conocida popularmente como ligadura de trompas], pero el personal de salud me quería persuadir para que cambiase de opinión al punto de pedir la autorización de mi pareja para poder realizar el procedimiento. Me dejaron un día más en observación para que lo pensará mejor. Como seguí con la misma idea no les quedó de otra que realizar el procedimiento y yo firme la autorización. Creo que es mi cuerpo y solo yo puedo decidir sobre él.
Marlene.

En mi caso si me pedían usarlo [método anticonceptivo], pero no me convenció ninguno y pues opté por el condón.
Caren

Las experiencias de Marlene y Caren dan una idea de la complejidad de sentir la presión en el uso de anticonceptivos, pues para Caren implicó que al no sentirse cómoda con los métodos ofrecidos optó por el uso del condón. Caso contrario es el de Marlene a quien no sólo se le negó el servicio, sino que se presumió que ella no podía decidir sobre su cuerpo. En ese sentido, hay que destacar que todas las personas tenemos derecho a que se nos informe sobre los métodos anticonceptivos existentes y desde el sector público además debe de brindar el acceso a ello. Es decir, no se parte de pensar que la información y promoción de la salud reproductiva sean violentos o no deban de suceder, por el contrario la información y las opciones de anticoncepción se tienen que brindar con respeto hacia la dignidad de las personas y de su libertad de decisión sobre sus cuerpos y sus vidas.

Justo este elemento es central para repensarlo, pues si bien de acuerdo con la biología las mujeres y personas gestantes son las que tienen la capacidad de embarazarse no son las únicas que deben tener una salud reproductiva. En especial en los hombres la promoción de la salud reproductiva es casi nula. Patty nos compartió que al comentarle a su ginecólogo (después de que éste insistiera en un método anticonceptivo para ella) sobre la decisión de su esposo para realizarse la vasectomía, la respuesta fue la burla.

Este hecho no es un caso aislado, sino sistemático, el cual se basa y perpetúa el sistema patriarcal, pues supone que las mujeres y personas gestantes son las únicas que deberían de cuidar de la reproducción y con ello se continúan con estereotipos y roles de género en los cuales las mujeres son las cuidadoras. Este tipo de prácticas dañan no solo a las mujeres, sino también limita a los hombres en sus derechos sexuales y reproductivos.

Dentro de las experiencias que se compartieron resaltan diversos casos que denotan otros problemas, por ejemplo, Jazmín nos compartió que no le explicaban lo que pasaba al dar a luz y observó como doctoras y enfermeras trataban mal a otras mujeres. El caso de Angiie, quien tras retirarse en implante subdérmico, fue presionada a optar por otro método anticonceptivo, ya que al tener antecedentes de abortos y partos era indispensable, al final Angiie acepto el implante y sufre las consecuencias, pues tiene problemas en la tiroides.

Otras experiencias son las de Verónica, ella al retirarse el DIU (Dispositivo Intrauterino) y al no optar por otro método anticonceptivo, pues no era sexualmente activa, recibió la burla y malos tratos del personal sanitario. A Erika le dijeron que no podía salir del hospital sin método anticonceptivo o que tendría que firmar que no aceptaba ningún método; Isela al tener a su segundo hijo fue presionada a realizarse la OTB ya que el doctor le comentaba que no podría mantener a sus hijos, ella acepto el implante subdérmico; Liz al dar a luz a su cuarto hijo, después de 24 horas de labor de parto con malos tratos, fue presionada a utilizar el DIU y Andra después de un aborto diferido (el producto se queda retenido en el útero) fue presionada por un método anticonceptivo, ella sentía culpa.

Las experiencias anteriores nos hacen entender que las prácticas para la promoción de la salud sexual y reproductivas son violentas, pero partamos de entender qué es violencia, de acuerdo con (Sanmartín, 2006) hay que establecer una diferencia entre agresividad: respuesta natural a diversos estímulos y la violencia entendida como una conducta que se construye por medios sociales y culturales, además de ser intencional, dañina y manifestarse activa o pasivamente (omisión, negligencia).

Ahora bien, de acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida sin Violencia, la violencia contra las mujeres es “cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público”. De hecho, muchas de las experiencias narradas no solo violan los derechos de salud sexual y reproductiva, sino hay violencia obstétrica cuando hay gritos, ofensas, retardos en atención, negación de anestesia o incluso negar ver a su bebé. Si bien, el objetivo de estas reflexiones no tienen como centro la violencia obstétrica es cierto que muchos de los testimonios la vivieron, por ello la importancia de destacar este fenómeno.

Ahora bien, como ya se ha mencionado la intención no es decir que los métodos anticonceptivos no se deben promocionar o que son violentos. Por el contrario se trata de hacer ver que esa decisión debe ser libre, informada y sin prejuicios. Tampoco se trata de “satanizar” al personal sanitario, pues considero que hace una labor importantísima para brindar información oportuna y veraz. En ese sentido, me parece valioso retomar el comentario de Ellis dentro de esta convocatoria, pues aludía a los métodos anticonceptivos como una estrategia para reducir la muerte materna.

De acuerdo con el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva una estrategia para reducir la muerte materna es reducir los embarazos, pues estos son indispensables para que la muerte materna suceda. Este observatorio también informa sobre los diferentes métodos anticonceptivos y sus características. Un elemento a destacar es sobre la orientación de anticoncepción en el posparto y posaborto en los cuales si bien se “logra” el uso de anticonceptivos en el corto plazo eso no se traduce en casos exitosos de prevención de embarazos.

En ese sentido, se resalta la importancia de conocer los diferentes métodos anticonceptivos e incluso entender porque la insistencia del personal sanitario en el uso de estos. Pues, por ejemplo, cuando hay abortos espontáneos se deben a condiciones de falta de viabilidad en esos embarazos, por ello la insistencia en prevenir futuros embarazos ya que al tener embarazos continuos el útero se daña y en consecuencia no solo la calidad de vida de las mujeres se encuentra deteriorada, sino incluso la vida misma.

Lo que resalto de estas experiencias es que los tratos o muchos de ellos por parte del personal sanitario hacia mujeres y personas gestantes es desde una calidad moral de superioridad. En la que si bien existen razones médicas suficientes y justificadas para el uso de métodos anticonceptivos, ello no significa que el personal sanitario sepa las condiciones de vida, las decisiones personales, emocionales e incluso económicas que viven estas personas.

Por ejemplo, un testimonio narraba que ella no quería ponerse el DIU de manera inmediata por recomendación de un médico, pero seis meses después se lo puso y tuvo que tolerar la insistencia médica a una decisión que ella ya había tomado. O un caso, peor en el que una mujer con embarazo de alto riesgo, por desgracia no pasó del primer trimestre y tuvo que enfrentarse además de la difícil situación a malos tratos e insistencia en un dispositivo, aun cuando ella ya había tomado esa decisión. Estas experiencias dan una idea que el personal médico no se toma la molestia de tratar al paciente como una persona capaz de decidir. Es decir, su conocimiento médico no los capacita para tomar decisiones por otras personas y al suponer su perspectiva como la única válida el trato al paciente no es integral, no se respeta a las personas y, de hecho, sí son violentadas.

En ese sentido, apeló a que reconozcamos estas experiencias y estos actos como violentos, en especial aquellos que se realizan en el contexto de posparto y posaborto, pues las condiciones físicas y psicológicas de las pacientes son vulnerables. Al mismo tiempo de reconocer estas experiencias y la resiliencia de quienes las viven y por ello reitero una vez más mi agradecimiento por compartirlas.

En suma considero que la promoción y servicio de métodos anticonceptivos se debe establecer desde la perspectiva de género en un entorno neutral, libre de sesgos y estereotipos de género o morales. Se debe brindar información suficiente, en un lenguaje sencillo para que las personas susceptibles a usarlos tengan también la capacidad de escucha en pos de tomar decisiones lo mejor informadas posibles para su salud sexual y reproductiva.

Por Margarita Romero
para Casa Gaviota
margarita@casagaviota.org.mx

Fuentes consultadas:

Abalos, E., Ramos, S., Romero, M., & Chapman, E. (2010, Abril). Intervenciones destinadas a reducir la mortalidad materna. Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva. Consultada junio 22, 2021, en http://www.ossyr.org.ar/pdf/hojas_informativas/Hoja_Informativa_OSSyR_02.pdf

Cámara de diputados. (2021). Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV_010621.pdf

Sanmartín, J. (2006). ¿Qué es esa cosa llamada violencia? Suplemento del Boletín Diario de Campo, (40), 11-30. https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/33367430/supl_diciembre_06.pdf?1396429017=&response-content-disposition=inline%3B+filename%3DDiario_de_campo_40_Que_es_esa_cosa_llama.pdf&Expires=1624475474&Signature=HNWBgcwFXptapOGvVjp4kitT~XQ4yEXmiB3cWo1Vf3aDuCy5Ccf

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